Alza la voz: lo que viví en mi última agencia
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Estoy seguro que te ha salido este video. Acompáñame a demandar a la agencia que me corrió sin liquidarme. A mí y a muchos otros. Solo que conmigo se la van a pelar, porque tengo más huevos que la de Recursos Humanos para pelear por mis derechos. Y si te das cuenta, aparezco en ese video. Pues bueno, agárrate, porque este chismecito se va a poner más fuerte todavía, porque en efecto trabajé en esa agencia y tengo unas historias.
La chica que está haciendo ese video es amiga mía, trabajamos juntos en esa agencia. Yo renuncié antes de que a ella la corrieran, pero fue después de haber pasado temas de homofobia, discriminación, y de que me tenían que operar y no se hicieron responsables. Como todo no cabe en un solo video, me voy a enfocar en una de las cosas que más sufrí ahí: la discriminación y la homofobia.
Las apariencias engañan
Cuando entré a trabajar a la agencia fui de las primeras camadas de creadores de contenido, más o menos la segunda o tercera. Una de las primeras personas que me presentan es a una señora que trabaja como creadora de contenido, y con ella fue con la que tuve el problema. En serio, como siempre digo: cómo las apariencias engañan durísimo. Una persona estudiada, letrada, con educación, dos profesiones. Una persona con la que no crees tener un problema de discriminación a este nivel.
Nos conocimos y nos empezamos a llevar muy bien, teníamos muchas cosas en común. Pero pronto empezaron a suceder cosas que llamaron mi atención, y estúpidamente, como era nuevo y me acababan de contratar, no me quise meter en problemas. No dije nada. Ese fue un error.
El odio con buena letra
Empezó a hablar mal de otros compañeros a los que, sinceramente, les tenía envidia porque generaban mejores números: más ventas, mejor rating, mejores números en los lives. De una chica de otro equipo se la pasaba diciendo: «¿Ya viste a Betty la fea?», «mira lo que está haciendo Betty la fea». Todos ponemos apodos, no hay problema. El problema vino cuando un compañero de su equipo, un chico abiertamente homosexual, empezó a tener muy buenos resultados.
Esa señora se refería a él con una palabra despectiva. No la voy a escribir siquiera. «Es que él aquel se siente mucho», «es que él me copia», «es que él hace esto, hace aquello». Todos los que trabajábamos con ella nos poníamos súper incómodos.
Donde ya rayó en la exageración fue un día en la recepción de la oficina, con cinco o seis personas presentes: «A mis hijos yo les dije que si me salen, me los madreo; que si me los salen, los corro de la casa, porque aquí con mi familia nadie va a ser…». Lo decía en voz alta, hablando de sus propios hijos. Entre otras cosas, a una compañera le decía «negra», a otra «chaparra».
Cuando la oficina se enteró
Una compañera fue y se quejó con Recursos Humanos por los comentarios sobre su tono de piel. Y otro día, esa señora soltó lo de sus hijos con Roberto presente, y ella sabía que él es homosexual. Recursos Humanos fue a hablar con ella… y luego me mandó a llamar a mí. Me preguntaron: «¿esta persona te ha dicho tales cosas? ¿qué sabes?». Y yo dije: bueno, pues si ya despepitaron, yo también voy a despepitar. Empecé a decir todo lo que había observado y escuchado, y cómo me estaba afectando. Sí era muy incómodo estar ahí con ella.
Recursos Humanos volvió a hablar con la señora. Y desde ese momento conmigo fue otro tema: súper cortante, grosera, en pleno live de trabajo no me volteaba a ver, no me dirigía la palabra. Todo salía mal. Ella pensó que yo era el que había hablado con RR. HH. cuando nada que ver.
Mi jefa directa me dijo: «Robert, ¿qué está pasando? En cámara se ve mal». Le conté todo. Y ella me respondió: «Ve con Recursos Humanos, habla otra vez, porque si yo voy no me van a hacer caso». Fui, hablé, y le dije lo que estaba pasando. Si hay una cosa que no dejo es que se metan con mi trabajo.
¿Y qué hizo Recursos Humanos? Nos puso a los dos frente a frente. La señora, que también es actriz, empezó a llorar: «Ay, es que eres mi amiguito, es que yo no te quería hacer sentir mal, perdóname…». Entre actores nos conocemos: ni una sola lágrima le salió. Pero la de RR. HH. no lo sabía y se sintió en un caso de éxito. Al final nos abrazamos de una manera súper hipócrita. Dije: lo dejo aquí, mientras no se meta con mi chamba, todo está chido. Pero no fue así.
El hostigamiento diario
Terminamos el proyecto y nos separaron. Y ahí empezó el desastre. Todos los santos días, esta señora se quejaba de mí: «Hace mucho ruido, no me deja trabajar, me está molestando». Diario venían mis jefes, los PM, otros compañeros, a asomarse a mi sala. Yo hacía mi chamba. Iban con ella y le decían que todo estaba bien, y ella, aferrada. Empecé a sentir un hostigamiento muy fuerte.
Todo cruzó cuando un día se le ocurrió decir: «Si no callan a Roberto, yo voy a ir a callarlo yo misma». Número de mi jefe de área entrando a mi sala con su computadora, como el meme del gatito, a observarme 15 minutos. Súper incómodo. Termina el tiempo, se va con la señora y le dice: «¿Cuál es el problema con Roberto? Todo está bien». Ella seguía diciendo que si no me callaban, ella misma iba a tomar cartas en el asunto.
Fui con el jefe jefe, el que estaba a cargo de la oficina, a solas. Le expuse la situación. Ya estaba a nada de levantar una denuncia; solo quería ver si la empresa iba a hacer algo. Su solución: cambiarnos de salas. Yo en este pasillo, ella en el otro. Punto. Y ni así funcionó: seguía quejándose de mí y empezó a quejarse de mis amigos, y a hablar mal de mí con otras personas.
Cabe destacar que cuando hablé con mi jefe era tanta mi desesperación y mi rabia que empecé a llorar frente a él. Le pidi un favor: «Trata de mantenerlo profesional, no quiero represalias». Quería seguir haciendo mi chamba bien, sin problema. Pero esta mujer es un caos.
Sin respaldo, sin proyecto
Después de eso empezaron a quitarme chamba. A otros compañeros los movían a otros proyectos; a mí no. Pedía retroalimentación para saber si estaba haciendo bien o mal mi trabajo: nadie me decía nada. Solo me movían, me movían, me movían. A ella le pagaban prácticamente el doble; yo, con toda seguridad, hacía más chamba.
Al final del día, el hostigamiento de esta mujer, la falta de respaldo y la sensación de estar solo, indefenso, te dejan un sabor súper amargo. Por más que pedí ayuda y que se arreglara la situación, nunca sucedió.
El problema no es solo ella
El problema ni siquiera es esta señora: es una agencia que la sigue solapando, que la sigue protegiendo, y que prefiere deshacerse de otros elementos del equipo en lugar de ella. Media agencia fue a quejarse con Recursos Humanos de esta persona —discriminación, homofobia, insultos a quienes operan las computadoras y manejan los lives, menosprecio del trabajo ajeno en frente de todos— y nunca hicieron nada. Sigue trabajando ahí. Es de las protegidas.
Y como eso, hay más: temas de comisiones, y de que cuando me tuvieron que operar de emergencia, la agencia no se quiso hacer responsable ni del seguro. Me dejaron solo. Incluso me dijeron que si quería, me podía ir sin problema, me operaban, me recuperaba, y si quería regresar y ellos «tenían la oportunidad», bueno…
No te quedes callado
Ser creador de contenido y entrar a una agencia —esta o cualquier otra— exige mucho cuidado: revisa cómo está redactado tu contrato y cómo se maneja el lugar. Siendo prestador de servicios con un contrato completamente ilegal, yo no estaba respaldado por nadie. Nunca había sufrido ese tipo de discriminación y homofobia. Qué difícil es que una persona que se dice tu amiga y compañera haga estas cosas a tus espaldas. Qué difícil es estar en un ambiente laboral tóxico donde, aunque te estén atacando, nadie te respalda.
Si esta agencia se jacta de ser de las mejores de Latinoamérica, con las marcas más importantes, imagínate lo que se puede vivir en agencias menos reguladas. Y si esta ni siquiera está regulada, imagínate en otros lugares.
Ojalá este testimonio sirva para todos los que han sufrido discriminación, homofobia o cualquier situación de discriminación. No se queden callados: hablen, exijan sus derechos y exíjanse respeto. Porque si uno no lo hace, muchas veces las personas que en teoría tendrían que estarte cuidando tampoco lo van a hacer.